Castigar al perro (o mejor no)

Castigar al perro (o mejor no)

 

Reñir o no reñir, este es el problema. 

Problema que se soluciona fácilmente ya que, según la metodología más moderna actualizada de educación canina en positivo, el castigo resulta totalmente ineficaz y contraproducente. 

 

Que nos dice la teoría sobre el castigo

 

Un castigo técnicamente perfecto, tiene que tener en cuenta cuatro puntos básicos:

1- Tiene que ser inmediato: debe llegar inmediatamente después de que el animal haya realizado la conducta no deseada.

2- Punitivo en su justa medida (intensidad): no tiene que ser demasiado blando ni demasiado aversivo.

3- Tiene que ser un castigo corto: tenemos que terminar de reñir al perro en cuanto el animal deje de mostrar el comportamiento que queremos eliminar. Ni un segundo antes, ni un segundo después.

4: El perro no debe de identificar quien le castiga: no debe de poder identificar la fuente del castigo ni relacionarlo con una persona en concreto. Por ejemplo, si el perro roba comida de la mesa, y cuando lo hace, le reñimos, es muy probable que deje de robarla en nuestra presencia. Pero también es probable que siga robándola cuando no estemos presentes. 

 

Si no se cumplen estos cuatro principios, el castigo será mal aplicado y, por lo tanto, resultará totalmente ineficaz. Le pasa a la totalidad de las familias que han decidido reñir a su perro por algún motivo: no castigar en el momento correcto; no acertar en la intensidad del castigo; seguir enfadados al cabo de un buen rato; no dejar ninguna duda sobre la fuente del castigo. 

 

Un castigo mal aplicado es muy peligroso

 

Viendo lo difícil que es acertar con el castigo bien aplicado, lo mejor es curarse en salud e intentar evitarlo siempre que sea posible, más que nada porque tenemos altas probabilidades de hacerlo mal. 

Y las consecuencias de un castigo mal aplicado pueden ser nefastas:

 

1- Promovemos conductas de evitación y no de cooperación: no le ofrecemos al perro ningún aprendizaje alternativo y, por lo tanto, no aprovechamos la posibilidad de canalizar la conducta que queremos eliminar hacia otra incompatible con la anterior.

2- Originamos conductas agresivas: muchos perros reaccionan con agresividad ante el castigo, algo que hay que evitar SIEMPRE. Si le enseñamos que la violencia es la forma de resolver un conflicto, es muy probable que el perro use la violencia (por imitación) cuando se genere algún conflicto en su día a día. 

3- Causamos el deterioro del vínculo afectivo: existe un alto riesgo de que degenere el vínculo entre familia y perro. 

4- El castigo va en contra del bienestar animal: el aprendizaje basado en el castigo compromete el bienestar del perro a medio y largo plazo porque le provoca ansiedad, miedo, inseguridad, estrés y desconfianza. 

5- Castigando a nuestro perro estamos atentando contra su salud mental: el castigo genera una aversión a la situación que impide que el perro sea suficientemente relajado, optimista y concentrado para poder modificar su comportamiento. 

 

Si eliminamos el castigo, ¿Qué nos queda?

 

Si riñendo al perro en realidad no conseguimos suprimir o cambiar algún comportamiento, ¿qué técnica se puede usar? 

En la educación canina en positivo, trabajamos con estas bases para mejorar el aprendizaje del perro y de la familia:

  • Respetamos su forma de ser y trabajamos la empatía y la paciencia de todo el núcleo familiar (los humanos también tienen que aportar).
  • Premiamos el buen comportamiento. Está demostrado que reforzar positivamente un comportamiento, hace que el perro tienda a repetirlo.
  • El castigo no educa, simplemente es aversivo. Para educar a nuestro perro sobre cuál es el comportamiento que podría propiciar una mejor convivencia, tenemos que enseñarle comportamientos alternativos que puedan satisfacer sus necesidades creando un equilibrio entre la conducta del perro y las necesidades de toda la familia. 

El equipo de MasterDog está a vuestra disposición para solucionar cualquier duda o consulta, ¡no dudéis en contactar con nosotros!

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